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La forma en que se redacta un catálogo está atada a las características del destinatario. El lenguaje que se utilizará debe adecuarse al destinatario y al producto o servicio que se esté promocionando.

Los catálogos deben informar al consumidor acerca de las características básicas de los productos o servicios ofrecidos y la manera en que esto se haga tiene injerencia directa en la forma en que el lector del catálogo recibirá el mensaje que éste quiera transmitir. En lo que se refiere al lenguaje a utilizar, no es lo mismo ofrecer productos de informática que alimentos: la atención se enfocará en diferentes aspectos, se abordará la explicación del producto con distintos objetivos, etc... Y tampoco es lo mismo ofrecer productos de informática al público general que a expertos en el área. La corrección pasa por no confundir o equivocar unos con otros y en no creer que todos los catálogos deben señalar las mismas cosas y de la misma manera.



A continuación daremos algunos ejemplos para aclarar esta cuestión.

Supongamos que una compañía vende artículos de computación y quiere llevar adelante el diseño de un catálogo para ofrecer sus productos más nuevos al público general. En el catálogo, claro está, aparecerán fotografías de los productos ofrecidos y de sus accesorios, si los tuvieran. Como el catálogo va dirigido al público en general, podrán aparecer palabras altamente publicitarias que inviten a la compra de determinado producto y la explicación que a éste acompañe se hará de forma sencilla con la mínima nomenclatura técnica con la que el público general esté familiarizado.

En otro caso, esta misma compañía quiere confeccionar un catálogo para vender sus nuevos productos a expertos en el área de computación. En este caso, se deberán suprimir o reducir al mínimo las expresiones publicitarias para darle, de esa manera, un carácter más formal al catálogo y a la compañía. En tanto a las explicaciones de los diferentes productos, por tratarse de expertos en el área de los productos ofrecidos, se utilizará en gran medida y con mucho cuidado toda la nomenclatura técnica necesaria y la información estará dirigida a cuestiones mucho más específicas que las que se referían en el catálogo dirigido al público general.

En cualquiera de los dos casos hubiera sido un error utilizar la opción que no le correspondía; es decir, confeccionar un catálogo sencillo para público especializado en el área al igual que un catálogo altamente complejo dirigido al público general hubiera resultado en muy malas ventas de los productos ofrecidos.

Cuando se confeccionan catálogos para expertos y especialistas se debe tener especial cuidado en el uso correcto de los términos técnicos. No es mala idea contratar un especialista en el tema para que revise los textos. Un error en la nomenclatura es muy mal visto y deja a la compañía con una imagen de poco profesionalismo y hasta de desconocimiento en el tema.

Cuando se confeccionan catálogos para el público general, el cuidado pasa porque el texto del catálogo sea claro y comprensible y que no haga sentir al lector como ajeno al producto y que no lo haga sentir como un ignorante en el tema. Esto no sólo ofendería al potencial cliente sino que anulará la posibilidad de venta del producto. Otro aspecto a cuidar en la confección de catálogos para el público general es que éstos sean lo suficientemente atractivos e inviten con firmeza a la compra de los productos.

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